Hoy está en los cines la secuela de uno de los superhéroes más recordados. El regreso de Superman a la pantalla grande nos recuerda las vivencias de un joven reportero que debe ocultar su origen extraterrestre para vivir en paz, y usar un alter ego para salvar al mundo de las desquiciadas amenazas surgidas… de este mismo mundo!
Un personaje al que tengo un apego especial. No me sé ni su historia detallada, ni colecciono frenéticamente sus comics, ni mucho menos tengo disfraces o poleras con la “S” diamantada en el pecho. Sucede que este verano, al hacer mi práctica, habíamos dos “Rodrigos” en la sala de prensa. Para distinguirnos, me bautizaron como “Clark Kent” debido a mi parecido con el personaje (los lentes, la corbata, la timidez, lo quitado de bulla, la libreta en la mano y el look típico de un reportero algo pavo).
Pero al pasar el tiempo, me di cuenta que el apodo va más allá de ser sólo eso. Respecto al personaje me pregunté, ¿es posible vivir en este mundo para alguien que es tan distinto, que viene de otro lugar, que tiene que adoptar costumbres que no son totalmente suyas, que se siente ajeno y que debe recurrir a la mentira para no mostrarse tal cual es y evitar ser tratado como bicho raro?
No sé si tenga aspectos de Superman, lo dudo. Pero de Clark Kent (el del cine, no el de Smallville, que es demasiado “mino” para el personaje) creo que tengo más de alguna similitud. Aunque los papeles digan que nací en el Hospital de Temuco el 03 de abril de 1984, a veces siento que no pertenezco a este lugar. Me siento con esa misma necesidad de mostrarme un “humano tradicional” para no sentirme como un ser extraño digno de historia kafkiana.
Aburre el decirle a todo el mundo que estás bien, que te va la raja y que eres totalmente feliz, pero es necesario, porque nadie entiende que mi felicidad se aleja de lo tradicional. Creo que ni yo lo entiendo y sigo forzando a ser igual a los demás…
Me he pasado toda la vida tratando de ser igual al resto de mis pares, pero no lo he logrado y sufro por ello. Cuando estoy trabajando o manteniendo mi mente ocupada no me preocupo de eso. Pero estos días libres han hecho que esa pena regrese, me han mostrado que sigo siendo un ser extraño y me han restregado en la cara que soy demasiado complejo para este mundo. No mejor ni peor, sino complejo, raro.
Estos días me han gritado en la cara que no puedo ser feliz como lo hace el resto que tiene a alguien que le diga que lo necesita. Me golpea dándome a entender que muchos me quieren cerca sólo cuando les urge alguien que los salve…
No sólo eso, los agresivos días libres han publicado en el diario de mi mente y en el boletín de mi alma que no existe aquella pieza que sea capaz de engranar conmigo, aquel sostén que sea capaz de amortiguar mis caídas ni aquel beso que me inyecte de energía para seguir combatiendo en esta batalla llamada vida. En en esos momentos que a este "marciano extraño" le dan ganas de volver a quizás qué planeta lejos de aquí...
Hace un rato una amiga me preguntó por qué estaba triste, me dijo que siguiera buscando, que no me refugie en el trabajo y que tengo recién 22 años. Yo le digo que estoy cansado…
Cansado de buscar sin encontrar, cansado de luchar y sólo fracasar, cansado de pasar sin pena ni gloria en la vida de los demás… porque la amistad me ha entregado alegrías y unas tantas desilusiones, pero el amor ni siquiera me ha dado el derecho de llorar con razón justificada… sólo el trabajo me ha sido amable y los pocos amigos que sé que me quieren, pero que dudo que me entiendan en mi compleja totalidad…
Siempre pasa como en las películas… todos aman a Superman, pero Clark Kent sigue siendo ignorado…
y seguirá siendo ingnorado...
Mañana hago reemplazo de nuevo en el canal. Como si salir en pantalla sirviera de algo cuando estás así…